Christ's Entry into Jerusalem by Benjamin Robert HaydonNosotros los católicos muchas veces expresamos físicamente los sentimientos espirituales que tenemos: nos arrodillamos al rezar, nos ponemos de pie para respetuosamente escuchar el Santo Evangelio, inclinamos nuestra cabeza y hacemos la genuflexión en humilde reverencia al altar y al Santo Sacramento, nos persignamos, nos hacemos la señal de la cruz con agua bendita, hacemos nuestro recorrido hacia Dios a través de peregrinaciones. Las peregrinaciones pueden ser visitas a lugares santos, caracterizados por la oración y la penitencia; pero también pueden significar visitas a nuestras propias parroquias para orar privadamente o para liturgias especiales.

No necesita viajar largas distancias de casa para hacer una verdadera peregrinación. Las estaciones de la Cruz son una forma espiritual de peregrinaje dentro de su propia parroquia; yendo de estación en estación, seguimos a Jesús en su pasión y meditamos en su amor. La tarde del Jueves Santo, los católicos muchas veces visitamos muchas parroquias, porque cada parroquia permanece abierta por algunas horas después de la liturgia para que silenciosamente se haga una oración delante del Santísimo Sacramento. Este año estoy invitando a los jóvenes adultos de nuestra diócesis a reunirse conmigo y peregrinar a siete iglesias esa tarde.

La Semana Santa tiene su propia clase de peregrinaje, la más importante del año. Empezamos recordando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos, lo seguimos en la Última Cena, en el arresto, la crucifixión, la muerte, el entierro y la resurrección. El enfoque particular de la Semana Santa es el Triduo Pascual, el cual empieza con la Misa de la Última Cena por la tarde del Jueves Last Supper by Pieter Pauwel RubensSanto e incluye la Celebración de la Pasión del Señor el Viernes Santo y la Gran Vigilia Pascual el Sábado Santo por la tarde.

El Triduo Pascual es una liturgia de tres días con tres “momentos.” ¿Han notado que la Misa de la Última Cena el Jueves Santo no termina con una bendición típica de otras Misas, o con las palabras “La Misa ha terminado?” La Liturgia del Viernes Santo no empieza con la señal de la cruz, ni termina con una bendición y despedida. La Vigilia Pascual empieza afuera con la bendición del fuego Pascual, no como acostumbramos en otras Misas. La conclusión de la Vigilia Pascual, la bendición final y la despedida con tres aleluyas, nos dice que el Triduo Pascual ha terminado.

La Cuaresma termina en la tarde de la Última Cena el Jueves Santo, cuando meditamos en la institución de la Eucaristía y el sacerdocio, el nuevo mandamiento de amor de Jesús. Al Jueves Santo a veces se le llama “Mandatum Jueves,” por el “Mandamiento” de amar como Jesús amó.

Jesus Washing Peter's Feet by Ford Madox BrownEn el Evangelio del Jueves Santo de San Juan 13, es la historia del lavado de los pies. Juan nos recuerda que esto sucedió en la Última Cena, porque el llamado servicio cristiano está íntimamente conectado con el sacrificio de Jesús en la cruz, en el cual participamos en cada Eucaristía. La liturgia termina con la adoración en silencio del Santísimo Sacramento hasta la media noche y el desmantelamiento del altar y del santuario de todas las decoraciones. Este es un momento solemne.

La celebración de la Pasión del Señor normalmente se hace después del medio día del Viernes Santo, en la hora cuando mataban las ovejas en el Templo de Jerusalén para Christ of the Saint John of the Crosspreparar la Pascua, la hora en que murió Jesús; se puede celebrar por la tarde para mayor conveniencia. El sacerdote entra en silencio, después se postra en el suelo como señal de penitencia. El Viernes Santo leemos la Pasión según San Juan, quien enseña que la cruz es el trono de gloria de Jesús, el lugar de su victoria sobre el pecado y, por eso, es una señal de esperanza. San Juan nos enseña que Jesús fue a su muerte con valentía y amor, solo porque Él quería hacer la voluntad del Padre.

La liturgia continúa con la Veneración de la Cruz. Sabiendo que Jesús voluntariamente tomó nuestros pecados y sufrimientos, reconocemos las cruces que la vida nos ha dado, le decimos que nosotros cargaremos las nuestras a su lado, confiados en su amor y su fuerza. La parte final de la liturgia del Viernes Santo es la recepción de la Santa Comunión, la que fue consagrada en la Misa del Jueves Santo por la tarde. Tan solemne es el Viernes Santo que no celebramos Misa, pero nos alimentamos del fruto de la Misa.

El punto culminante del Triduo Pascual es la Vigilia, la que empieza con la bendición del fuego y del pregón Pascual en alabanzas a Cristo, la luz del mundo. La Liturgia de la Palabra es extendida, porque vale la pena el tiempo para recordar los actos repetitivos de fidelidad y amor de Dios, que culminó en la muerte y resurrección de su Hijo. Después del Evangelio y la homilía, la celebración del Bautismo comienza, la cual puede incluir la recepción en la Iglesia de personas qua ya han sido bautizadas.

Aunque frecuentemente usamos palabras como “recordar,” “reflexionar” y “meditar” cuando nos referimos a lo que pasa en la liturgia, esto no es solamente “recordar,” como que hacemos cuando recordamos con cariño un evento pasado. La Liturgia es la Iglesia orando, pero primeramente es Dios trabajando, Cristo mismo proclamando las Escrituras a nosotros, Cristo mismo alimentándonos en la Santa Comunión, el Espíritu Santo alentándonos con su gracia en nuestras acciones, el Padre acercándonos así mismo.

Es por esta misma razón que el Triduo Pascual concluye con el Bautismo, cuando Dios les da el don de la salvación a los que ha atraído así mismo. La Carta a los Hebreos nos enseña que Cristo murió “una vez por todos,” y su muerte todavía salva. Cristo Resucitado está vivo en la Iglesia.

Una liturgia de tres días, celebrada en una manera no prontamente familiar a nosotros, nos permite hacer pausas en tres “momentos” y meditar en el misterio de la salvación. Si usted nunca ha participado en el Triduo Pascual de su parroquia, o si han pasado muchos años, le animo a que haga el peregrinaje este año. Vale la pena el viaje.

 






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