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January 2022

A New Year’s resolution: Re-educating ourselves on the Eucharist

In the days following Thanksgiving this year, I was with a group of friends who are my age (mid-50s). Most of them have children who recently graduated from or are still in either high school or college.  Our conversation turned to the Eucharist. I was shocked that even though they are Catholic, a few of my friends and many of their children believe that the bread and wine we receive at Mass are symbols of Christ’s presence. Immediately I went into my teaching mode and emphasized that the Eucharist was instituted by Jesus. With the words of consecration, under the appearance of bread and wine, the whole of Christ is truly present: body, blood, soul and divinity. Now, this was not a theological debate, and I actually did not receive much pushback from my exhortation. However, one of the college students simply responded to me without any contention or guile, “Hmmm. Is that what we really believe? I did not know that.”

This encounter reflects the data and studies that show many Catholics do not believe in or fully understand the real presence of Christ in the Eucharist. As we begin 2022, many of us have made a New Year’s resolution. I would like to invite you to join me in a New Year’s resolution to re-educate ourselves about the Eucharist. For no matter how educated or faithful we are, we are constantly being invited by our Lord to go deeper in our faith and understanding of the Eucharist.

The document “The Mystery of the Eucharist in the Life of the Church” was developed by the Committee on Doctrine of the U.S.  Conference of Catholic Bishops (USCCB). It was approved by the full body of the USCCB at its November 2021 general meeting. The document highlights the importance, centrality, and gifts of the Eucharist. If you have not had the chance to read the document, I invite you to learn more about it by going to the following link on the USCCB website: usccb.org/resources/mystery-eucharist-life-church. You will notice that you can not only read the document, but also click on a comprehensive online course to learn more about it.

We should continuously strive to grow in our knowledge of the Eucharist and our faith in our Lord, Jesus Christ. However, as we learn more, our hearts will hopefully grow with a deep love for God and the Eucharist. Once this love becomes strong, the love of God through the Eucharist will become the central focus and priority of our lives. As St. Ignatius of Antioch said, “I have no taste for the food that perishes nor for the pleasures of this life. I want the bread of God, which is the flesh of Christ, which is love that cannot be destroyed.”   

Along with the document on the Eucharist, the USCCB also announced a National Eucharistic Congress that will take place in Indianapolis in 2024. Eucharistic congresses are gatherings of clergy, religious and the laity to celebrate and glorify the Holy Eucharist while seeking to spread its knowledge and love throughout the world. The National Eucharistic Congress is the culmination of a three-year eucharistic revival in the Catholic Church, which  begins on the feast of Corpus Christi on June 16, 2022. For more details about this revival, I invite you to go to the following site: eucharisticrevival.org

Hopefully, this eucharistic revival will serve as a spark for Catholics across the United States to help reignite their faith by being healed, converted, formed and unified by an encounter with Jesus in the Eucharist and to be sent out in mission “for the life of the world.” For as we receive Christ in the Eucharist, our desire is to be strengthened to go out into the world and to put our faith into action through the corporal and spiritual works of mercy. In other words, the Eucharist nourishes us to be the face of Jesus for those who need him most. This echoes St. Teresa of Kolkata’s words, “We cannot say that we love Jesus only in the Eucharist – naturally, we want to put that love into action. We cannot separate the Eucharist and the poor.”

As you read this column, perhaps it will motivate you to embrace a New Year’s resolution to re-educate yourself on the Eucharist. For if the Eucharist is truly the source and summit of the Christian life, then we will be eager to fully embrace the words of Jesus, who said, “I am the living bread that came down from heaven; whoever eats this bread will live forever; and the bread that I will give is my flesh for the life of the world.” (John 6:51)

 

Enero 2022

Un propósito de Año Nuevo:  Reeducarnos en la Eucaristía

En los días siguientes al Día de Acción de Gracias de este año, estuve con un grupo de amigos de mi edad (mediados de los 50). La mayoría de ellos tienen hijos que se han graduado recientemente o están todavía en el escuela secundariao en la universidad.  Nuestra conversación giró en torno a la Eucaristía. Me sorprendió que, aunque son católicos, algunos de mis amigos y muchos de sus hijos creen que el pan y el vino que recibimos en la Misa son símbolos de la presencia de Cristo. Inmediatamente pasé a mi modo de enseñanza y subrayé que la Eucaristía fue instituida por Jesús. Con las palabras de la consagración, bajo la apariencia del pan y del vino, todo Cristo está realmente presente: cuerpo, sangre, alma y divinidad. Ahora bien, no se trataba de un debate teológico y, de hecho, no recibí muchas reacciones a mi exhortación. Sin embargo, uno de los universitarios se limitó a responderme sin contención ni astucia: “Mmm.  ¿Es eso lo que realmente creemos? No lo sabía”.

Este encuentro refleja los datos y estudios que demuestran que muchos católicos no creen ni comprenden plenamente la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Al comenzar el año 2022, muchos de nosotros hemos hecho un propósito de Año Nuevo. Me gustaría invitarte a unirte a mí en el propósito de Año Nuevo de reeducarnos sobre la Eucaristía. Porque, por muy educados o fieles que seamos, el Señor nos invita constantemente a profundizar en nuestra fe y en nuestra comprensión de la Eucaristía.

El documento “El Misterio de la Eucaristía en la Vida de la Iglesia” fue elaborado por el Comité de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB). Fue aprobado por el órgano pleno de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos en su asamblea general de noviembre de 2021. El documento destaca la importancia, la centralidad y los dones de la Eucaristía. Si no has tenido la oportunidad de leer el documento, te invito a que lo conozcas entrando en el siguiente enlace de la página web de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos (en inglés): usccb.org/resources/mystery-eucharist-life-church. Verás que no sólo puedes leer el documento, sino que también puedes hacer clic en un completo curso online para aprender más sobre él.

Debemos esforzarnos continuamente por crecer en nuestro conocimiento de la Eucaristía y en nuestra fe en nuestro Señor, Jesucristo. Sin embargo, a medida que aprendemos más, es de esperar que nuestros corazones crezcan con un profundo amor a Dios y a la Eucaristía. Una vez que este amor se hace fuerte, el amor de Dios a través de la Eucaristía se convertirá en el foco central y la prioridad de nuestras vidas. Como dijo San Ignacio de Antioquía: “No tengo gusto por la comida que perece ni por los placeres de esta vida. Quiero el pan de Dios, que es la carne de Cristo, que es el amor que no puede ser destruido”.   

Junto con el documento sobre la Eucaristía, la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos también ha anunciado un Congreso Eucarístico Nacional que tendrá lugar en Indianápolis en 2024. Los congresos eucarísticos son reuniones del clero, de los religiosos y de los laicos para celebrar y glorificar la Sagrada Eucaristía, a la vez que buscan difundir su conocimiento y su amor por todo el mundo. El Congreso Eucarístico Nacional es la culminación de un renacimiento eucarístico de tres años en la Iglesia Católica, que comienza en la fiesta del Corpus Christi el 16 de junio de 2022. Para más detalles sobre este renacimiento, te invito a que vayas al siguiente sitio: eucharisticrevival.org

Esperemos que este renacimiento eucarístico sirva de chispa para que los católicos de todo Estados Unidos ayuden a reavivar su fe al ser sanados, convertidos, formados y unificados por un encuentro con Jesús en la Eucaristía y sean enviados en misión “para la vida del mundo”. Porque al recibir a Cristo en la Eucaristía, nuestro deseo es ser fortalecidos para salir al mundo y poner en práctica nuestra fe a través de las obras de misericordia corporales y espirituales. En otras palabras, la Eucaristía nos alimenta para ser el rostro de Jesús para los que más lo necesitan. Esto se hace eco de las palabras de Santa Teresa de Calcuta: “No podemos decir que amamos a Jesús sólo en la Eucaristía; naturalmente, queremos poner ese amor en acción. No podemos separar la Eucaristía y los pobres”.

Al leer esta columna, quizá te motive a adoptar el propósito de Año Nuevo de reeducarte sobre la Eucaristía. Porque si la Eucaristía es realmente la fuente y la cumbre de la vida cristiana, entonces estaremos deseosos de abrazar plenamente las palabras de Jesús, que dijo: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne” (Juan 6:51)